jueves, 8 de mayo de 2008

INTO THE WILD (un poco, al menos)




Antes tenía una tienda de juegos de Rol. Habían multitud de títulos distintos, desde Vampiro hasta Alfa Centauri, pasando por el más famoso, Dungeons and Dragons. Pues bien, en un suplemento de este juego (creo que era el Compendio de Monstruos III) salían unas criaturas, hembras homínidas siemrpre en pareja, que chupaban la energía del desgraciado aventurero que se topara con ellas.

La pareja del Rebel, el jueves por la noche, parecían una copia exacta de estas criaturas.

Fueron ellas, las chupadoras de energía positiva, las que provocaron, la noche anterior, que Sara y yo lleváramos toda la mañana discutiendo por estupideces. Que si mucho pan, que si poca cerveza, etc. Así que cuando vi aparecer a Olaf (con unos 40 miutos de retraso, todo sea dicho) entre las estanterías del Mercarroña el alivio fue considerable. Fue en ese momento cuando mi torrente de alegría preferido y yo nos dimos cuenta de que, coño, estábamos de acampada, así que ya podíamos enterrar el hacha de guerra y pasar a modo jovial/adolescente. No nos costó mucho, la verdad.
Seguramente alguien del grupo había estado leyendo a Jimenez Losantos, que no es más que una reencarnación infecta de Nostradamus, y por eso compramos comida suficiente por si acaso los vascos y catalanes, a las órdenes del pérfido Zapatero, lanzaban un ataque nuclear sobre nuestra indefensa nación. Con esta rebuscada frasecita quiero decir que compramos muuuuucha comida. Supuestamente también compramos mucha bebida, pero más tarde se demostró que no era así. La verdad es que Sara y yo podemos secar un manantail cervecil.

Mientras compramos, el ecológico Miragall (Maragall para los amigos), me dijo que había traído la piragüa, con lo que mi alegría empezó a desbordarse. No se va de acampada con guionistas todos los días. No se va de acampada al regajo con guionistas todos los dias. No se va de acampada al regajo, con guionistas y piragüa nunca. Subímos la carga al coche (todo el mundo adora los coches pequeños hasta que hay que subir provisiones para un enfrentamiento nuclear) y nos pusimos en marcha, no sin antes esperar a que Olaf trajera su olvidada marihuana.

Partimos. Esta vez nuestra energía fue nuestra pues se había perdido (si, él solo) el frontal de mi radio y no pudimos doparnos con Franco Battiato, que como todo el mundo sabe es la mejor forma de empezar una excursión.

Estaba un poco tenso, a pesar de la alegría. Un montón de gente había elegido el paraje propuesto por un servidor y no sabía si iba a estar lleno, pero cuando llegamos tan sólo había un grupúsculo de amebas bakalas de buen corazón. Pasamos de ellos (por la izquierda) y tras hacer unos cuantos viajes instalamos el campamento. Instalar un campamento es una de las 3 mejores cosas que puede hacer un ser humano en la vida.


Llegas al sitio, exploras las inmediaciones, pones las tiendas en círculo no sea que vengan los indios, te sientas y bebes una cervecita, o Coca cola sin cafeína si eres Boy Scout.






Eso hicimos. Mi perro, mientras tanto ya se había convertido por méritos propios en el


monstruo del lago regajo. Se pasó más tiempo en el agua que fuera.

Continuará...

6 comentarios:

eme dijo...

Me da pena ver un blog sin comentarios porque me da la sensación de que: o no lo ha leído nadie o no trasmite nada. Pero seguro que no es tu caso.

Bonito blog.

Saludos

Javier Rodrigo dijo...

todo se andará, sólo llevo dos días, como quien dice.

Gracias por escribir tu comentario

César dijo...

Enhorabuena por el post -y el blog-.

Para la próxima acampada marihuanera, mapunto!

PD: ¿Te llevaste la guitar? Una acampada sin el adorable coñazo de una guitarra sonando no es una acampada.

Javier Rodrigo dijo...

no una, sino dos. Una acampada sin guitarra es como una guitarra sin cuerdas.

Homo Insanus dijo...

Qué buena la foto del chucho, qué ternura inspira, XD.

Javier Rodrigo dijo...

pues si lo conocieras fliparías.
Es El Perro. Una bola de pelos de bondad infinita. Si todo el mundo tuviera un Baco (así se llama) no habrían guerras.