jueves, 15 de mayo de 2008

INTO THE WILD III

Los sucesos acaecidos en los últimos días van a condicionar a buen seguro el tono de mi tercera y última crónica sobre la maravillosa acampada que vivimos hace dos fines de semanas. ¿ O fue hace tres años?

La verdad es que no me apetece relatar con demasiado detalle lo que fue el tercer y último dia allí, rodeado de vida. Sólo diré que vino Fili (Filip para Sara) y que eso siempre es bueno.
No quiero hacer un panegírico (¡bien, sabría que algún día la usaría) sobre una persona que a buen seguro me va a leer, y a la que además ya le habrán regalado unos cuantos, pero tan sólo diré dos cosas que me gustan de Fili.
Siempre se está riendo, como Sara, y no a la manera que tienen algunos de reirse hasta de la más absurda tontería sin gracia, sino que siempre tiene la sonrisa puesta en la boca, aunque, por poner un ejmplo, se esté despidiendo. Y una despedida casi siempre es triste. Luego está su forma de hablar. El tono, mejor dicho. Es como si terminara las frases con un énfasis especial, ahí, sentenciando. Aunque esté pidiendo un bocadillo de lomo en el bar de la esquina. (Esto no lo hemos vivido Fili, pero tampoco hace falta).
Y ahora que pienso, no es nada de esto. Esto son gilipolleces en realidad.
Es el aura.
Tiene un aura que si la pusiera delante de una de esas cámaras que las fotografian, la petaría seguro. Y esto no es ninguna gilipollez.

Las personas alegres son como esos sacos gordos llenos de comida y medicinas que tira cruz roja en medio de la devastación.

En realidad, en aquella acampada, todos fuimos sacos gordos llenos de comida y medicina.


Pero no nos enseñes nunca más a tocar las palmas.

1 comentario:

—fili dijo...

...dijeron una vez de aquella persona triste y solitaria, la del ánimo del color de la ceniza, por su filantropía.

Gracias Javi, estoy dispuesto a compartir bares y bocatas de lomo, cuando quieras y donde quieras.
Creo que puedo aprender mucho contigo. De momento ese finde aprendí que soy un neurótico, y que tengo la manía de sentenciar cuando hablo (cuanta soberbia), y lo del puzuma ambigüo no tiene precio ¡que cuántico! eres grande chico, muy grande.