lunes, 16 de junio de 2008

BUCEANDO EN EL ORDENADOR DE CASA DE MIS PADRES

Como el bueno de Fili dijo una vez, rebuscando en el baúl de los recuerdos, o sea un pc semiolvidado he encontrado añejos escritos y vídeos. No deben ser malos, pues lo que está terminado, que es bastante poco, la verdad, no ha envejecido nada.

Ahí van un par de cosillas:

Yo antes trabajaba en CASA bonaire, la tienda que es un cruce entre Bañon y un chino cualquiera. Era bastante aburrido, así que decidí escribir sobre las personas que entraban.
La serie en cuestión se llamó, originalidades mías, COSAS DE CASA.

Venga una muestra.


COSAS DE CASA
Una tarde entró en la tienda un clon defectuoso y viejo de Don Jonson observando artículos con la barbilla. Joder, una cosa es caminar con la cabeza bien alta y otra necesitar andamios en el cuello para conservar la postura. Me fijé en su melenilla y al instante me entraron ganas de fregar platos, no sé por qué . Era un tipo muy orgulloso y necesitó enseñarme su fajo de 400 euros para pagarme una vela marrón, sosa como sólo una vela marrón puede serlo, de 1,50. Me dio más información sobre él ese gesto que una biografía de 700 páginas.
Su novia parecía un experimento del doctor Mengele y sólo gracias a mi don para ver a través del maquillaje pude ver que era una mujer bonita. Si un experto en demoliciones consiguiera quitarle la mierda de la cara sin desfigurarla, hubiera dejado al descubierto unas facciones delicadas cubiertas por una piel tersa y pálida. Sin maquillaje, debía ser como una de esas niñas vampiras (es decir, muertas) de las películas que tan cachondo ponen a todos los hombres moral y mentalmente sanos de hoy en día. Tenía un aire de superioridad que había copiado de su novio, amante, gigoló o lo que demonios fuera, pero caminaba insegura y parpadeaba demasiado, como si tuviera tierra en la mirada, o se le hubiera caído un canto rodao de las pestañas. Resumiendo, su cara era como una de esas máscaras que no sabes muy bien de que cultura proceden. El caso es que el tipo, a mí, personalmente, su entrenado aire de superioridad me parecía inferior al aire que expulsaría una hiena anoréxica después de una comida a base de judías .
Tenían dinero y la creencia de que por ese motivo podían ser maleducados. Me pidieron muebles, los más baratos, de jardín, y yo les dije que los sacaría por detrás (como la mierda) para que los cargaran, je je, mejor. Me pregunto porque utilizo tanto la palabra mierda pare escribir esta historia. Claro que es difícil no utilizarla si es una historia real. Pero estoy divagando. Continúo.
Les pregunté que coche llevaban para ver si cabían y al instante me arrepentí de haberlo hecho. Las personas con coches de más de 5 millones me dan un poco de vergüenza y tuve que hacer un gran esfuerzo mental para que no se me notara.
Al tipo le brilló una lucecita en el interior de los ojos (como uno de esos dibujos animados japoneses) cuando me dijo:
_Un mercedes “nosequé”.
Pongo “nosequé” porque no me acuerdo del numerito. Nunca me han importado los numeritos de los coches. Sólo si llevan a los sitios. Debía ser grande.
Saqué las cosas al muelle de carga y al cabo de veinte minutos recorriendo 50 metros (juro por Tolkien y San Henry Miller que le regalé una explicación escueta y muy sencilla de cómo llegar hasta allí) Don Jhonson llegó con su fantástico mercedes gris-plata-metalizado gigante. A pesar de que en ese momento comenzaba a llover, casi me vi obligado a ponerme gafas de sol de lo maravilloso que era. El tipo bajó del automóvil y yo no pude contenerme y le miré, muy disimuladamente, el paquete.
Nada. Cero. Más plano que el último libro de Tom Clancy. Después miré el gigantesco coche y pensé que quizás Freud no andase tan equivocado, después de todo.
Cargué todo en su maletero agujero negro (habría cabido una manada de rinocerontes) y me despedí con el estándar “arreglao” que mascullas cuando alguien te está jodiendo y no ayuda para cargar sus propios muebles en su coche.
Afortunadamente se fue sin dar propina (no estaba esa tarde para debates- relámpago morales internos) que no hubiera sabido si coger muerto de asco o rechazar muerto de asco y sin dar las gracias, que, de todos modos, un tipo así no está geneticamente habilitado para aceptar.
Cuando cruzaba la puerta que daba al interior del almacén me giré y vi como se alejaba el mercedes modelo Enterpraise con dos sombras dentro.
Ese tipejo me daba asco y no era envidia. Era su necesidad de mostrar al mundo la pasta que tenía, de que se la soplaban los seres inferiores y pobres. De que su dinero podía comprar ( lo hizo) mis servicios de criado. Pensé que si quisiera yo también podría tener dinero. Escribí mentalmente en cinco segundos una nueva edición revisada y actualizada del cuento de la lechera, pero con cocaína en vez de leche y con final feliz. Pensé que este mundo esta hecho para gente sin escrúpulos. Pensé que enriquecerse honradamente es casi imposible hoy por hoy. Sonreí.
Siempre tenia la posibilidad de ser un cabronazo. Pero ahora me interesan otras cosas, como esta página, por ejemplo.
Entré en el almacén justo a tiempo para que oír una llamada de Mari Carmen.
Fuera empezaba a llover y yo trataba de dilucidar por qué el gris era el color preferido de aquél tipo, y de la realidad aquel día.

2 comentarios:

Homo Insanus dijo...

Cielos grises como un televisor con estática como diría William Gibson, :).

Yo a veces garrapateo algún texto también, pero no me atrevo con la ci-fi. Sólo al tratar de escribir ci-fi se da uno cuenta de lo infravalorado que está este género literario.

Con todo, no lo dejes, ya sabes, un escritor es aquel que escribe (muy Forrest Gump esta máxima, jajajja, pero no por ello menos cierta) y no sólo los que publican o viven de ello.

Saludos.

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

joder, creo que eres el único que no conozco que me lee, y me encanta.

gracias por prestarme atención.