lunes, 16 de junio de 2008

El día que sentí por primera vez "algo" hacia el sexo opuesto.

Entonces vivía en Pego, que se pronuncia Pegoa si eres de allí. De hecho, los pegolinos ponen una a al final de todas las palabras que lo permitan. Y creedme, son muchas. Por ejemplo, si quieres decir, Ximo, ven a merendar en pegolino tienes que decir: "Ximoa, vinea a berenarea". Joder, como se me va la flapa. Yo quería hablar de la niña misteriosa.
Fue misteriosa porque sólo la ví ese domingo, con un vestido de rayas rojas y blancas (si, yo también me asombro de tener el recuerdo, ahí, a buen recaudo). El caso es que yo siempre me "pelaba" la misa y me iba a los recre, porque mi madre prefería otra misa, la que duraba una hora y no venía conmigo a la de media. Aún así yo me pelaba esa misa. A ver, comparad el Double Dragon con la carta a los corintios, dónde vas a parar. En fín, que después de ver a la niña esa, que por cierto nunca sabré como se llama, y no atreverme a decirle nada, volví tres o cuatro domingos más a la iglesia (que estaba en las antípodas,tanto literal como metafóricamente, de los recreativos) para ver si la veía y seguía sin atreverme a decirle nada. No debía ser de Pego, porque no la volví a ver nunca. Fue ella la que plantó en mi la semilla del puteo. (Ahora he ido de duro y he puesto puteo en vez de amor). O algo parecido. No es que me quitara el hambre, el sueño y todo eso que te pasa cuando te enamoras, o dicen que pasa, porque yo, la verdad, duermo siempre a pierna suelta, sino que me fijé en lo guapa que era. Por vez primera una niña no era un estorbo jugando a pillar, sino un "ente" bello y misterioso, sobre todo misterioso.
Muchos años después ví un vestido rojo y blanco y me acordé de ella. Así surgió este poema.
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Recuerdo las escaleras de la iglesia
y el cielo raro del domingo.
Ramas como dedos apresando el viento
y columpios vacíos con risas colgando todavía.
Recuerdo una niña resplandeciente
creándome dentro una extrañeza sin nombre
recuerdo que la muerte era algo más que morir
que yo todavía no era
y un pájaro aprendía a volar.
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1 comentario:

Homo Insanus dijo...

¿Corintios o Double Dragon? Sí, no había color, está claro, :)

Yo no recuerdo cuándo fue, en qué momento exacto advertí que me gustaba alguna. Lo que sí tengo claro es que la gente más romántica a menudo suele ser peña que no consideraba a las niñas de su barrio un estorbo. O sea, los más brutitos, tardaban en mirar de otra manera a sus amigas y en cierto modo, de adultos, suelen ser los más chuloputas e insensibles. En cambio los que pensábamos que Fulanita era preciosa (en lugar de darle tirones de pelo), somos los mismos capullos que de mayores las pasamos putas con las mujeres, enamorándonos como en un folletín y sufriendo el desamor con más intensidad que en la canción pop más pastelosa.

En fin, igual es una teoría mía demasiado generalizante, no sé.

Saludos.