martes, 22 de septiembre de 2009

LA ELEGANCIA DEL ERIZO

Lio el porro y lo fumamos en silencio. Nunca antes lo habíamos tomado juntas por la mañana, y esa brecha en el protocolo de nuestro ritual tiene un extraño sabor.
-Es agradable -murmura Manuela.
Sí, es agradable, pues gozamos de una doble ofrenda, la de ver consagrada en esta ruptura en el orden de las cosas la inamovilidad de un ritual al que hemos dado forma juntas para que, tarde tras tarde, se enquistada en la realidad hasta el punto de conferirle sentido y consistencia y que, por el hecho de transgredirse esta mañana, adquiere de pronto toda su fuerza; pero saboreamos también, como lo habríamos hecho de haber sido un nèctar preciado, el don portentoso de esa mañana incongruente en la que los gestos mecánicos toman un impulso nuevo, en la que aspirar el aroma, probar, dejar apagar, encender de nuevo, dar pequeñas caladas viene a ser vivir un nuevo renacer. Esos instantes en que se nos revela la trama de nuestra existencia, mediante la fuerza de un ritual que recuperamos como era antes con mayor placer aún por haberlo infringido, son paréntesis mágicos que le ponen a uno el corazón al borde del alma, porque, fugitiva pero intensamente, una pizca de eternidad ha venido a fecundar el tiempo. Afuera, el mundo ruge o se adormece, arden las guerras, los hombres viven y mueren, perecen unas naciones y surgen otras antes de caer, a su vez, arrasadas, y, en todo este ruido y toda esa furia, en esas erupciones y esas resacas, mientras el mundo va, se incendia, se desgarra y renace, se agita la vida humana.
Entonces, demos otra calada al porro.

4 comentarios:

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

No he querido comentar el libro. Era mucho mejor poner este pasaje.

Insanus dijo...

Ah, creía que era tuyo!

Bueno, la mística del porro. La comprendo, aunque no use. Todo tiene su ritual. El café de por las mañanas o el último de la noche son el equivalente en mi vida, supongo.

Anónimo dijo...

pfffffff

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

cambié la palabra té por la de porro. Para el caso es lo mismo.