sábado, 12 de diciembre de 2009

YO NO CREO EN ESAS COSAS

Mi familia posee un antiguo caserón en Burbáguena, un pueblo de la provincia de teruel, de casas color tierra con un río cercano en cuya rivera crecen los chopos. Es un edificio robusto, de tres plantas menudas pero recias, con techos coronados de vetustas vigas de madera maziza.
En ella, hace muchos años, vivía una tia abuela mía, Socorro, que de niña había sucumbido a la meningitis. La enfermedad le dejó graves secuelas degenerativas postrándola, al final de su vida, en una silla de ruedas. Yo ya la conocí anciana y tengo que reconocer que de niño me aterraba. Era una vieja de pelo amarillente recogido con pinzas. Era esquelética, de manos nudosas y secas como sarmientos que temblaban constantemente. Siempre vestía de negro, incluídas unas medias opacas y muy gordas. La silla de ruedas eran normal, antigua, con reposapies independientes abatibles.
Esta señora murió. Pero por alguna extraña razón mi familia conservó la silla. Una noche de agosto volvía de niño a casa a por un jersey, pues por las noches siempre refresca. Lo cogí y cuando iba a salir me fijé en la silla de ruedas. Observé que los reposapies estaban subidos. Pensé: Si cuando vuelva esta noche, alguno de los pies está bajado, los fantasmas existen. Que coño, pensaba luego, camino del baile, si yo no creo en esas cosas.
La casa estaba vacía cuando me fui. Yo era el pequeño, volvía antes de la verbena.
Abrí la puerta de casa y subí las escaleras con cuidado de ir encendiendo todas las luces. Lo cual era una odisea porque tenía que encender la del piso de arriba, bajar a apagar la de abajo y quedarme a oscuras hasta volver a subir al piso de arriba y así sucesivamente 3 pisos. Mientras ascendía pisos podía ver los retratos de santos y vírgenes colgados con una extraña inclinación hacia delante. Llegué al último piso por debajo del desván y ahí estaba la silla de ruedas. Se me había olvidado todo el tema, por eso cuando lo vi un escalofrío de terror me recorrió la espalda e hizo que me temblaran las pienas, no me lo podía creer: los dos reposapiés habían bajado.
Puede que fueran las peores noches en cuanto a miedos nocturnos que he pasado nunca. Por supuesto, esa noche no dormí. Y las siguientes me las arreglé para que hubiera alguien en casa. Tampoco era cuestión de ir comentándolo por ahí. Nadie me iba a creer, o pensarían que era un cobarde. Ya era relativamente mayor (trece o catorce anos), una edad de puta madre para ir con cuentecitos de fantasmas si quieres que se rían de ti.
En fin, ha pasado el tiempo y la perspectiva que dan los años no me aclara para nada el suceso. Se pudieron bajar solos, claro, que casualidad. Había alguien en la casa que yo no sabía que estaba. Puede ser, pero estaba sólo cuando pensé que si los reposapies estaban bajado los fantasmas existían.
Lo más seguro es que haya una respuesta racional y científica que explique como se bajaron los reposapies de la silla de ruedas. Una respuesta que explique por qué, minutos después, dentro de la cama, rodeado de oscuridad, noté una uña temblorosa recorriendo el lateral de mi rostro. Temblé durante un tiempo interminable, recogido en un obillo dentro de la cama, con un terror nuclear y puro recorriendome todos los callejones de la mente.
Obviamente, encendí la luz. Fue horrible, porque la luz del techo tenía un interruptor de pera y nunca lo encontraba a la primera. Tuve que sacar el brazo a tientas fuera de la absurda protección de las mantas.
Se iluminó la habitación reflejándose mi miedo en el espejo del armario, colocado en el exterior de la puerta. Al poco llegó mi familia y pude controlarlo mejor. Pero desde entonces lo pienso y lo pensaré siempre: a veces pasan cosas inexplicables que dan miedo y te hacen, como decirlo, creyente...

jueves, 10 de diciembre de 2009

CLIP

Gracias a Olaf, El Gran Maestro De La Orden De La Sagrada Cabeza Primordial, por pasarme el link.

martes, 8 de diciembre de 2009

POEMA A LAS 00:31

No puedo estar muy bien
si en lugar de masturbarme elijo escribir este poema.
O quizá sí,
quizá sea el momento de agradecer a las musas
su aliento de esperanza
su críptico mensaje de luz en el desfiladero.
Yo que sé,
a veces me pierdo discutiendo estupideces
bebiendo birras
deshaciendo de memoria caminos horribles.
La mayoría de las veces no tengo idea de nada
(de nada que importe,
de lo demás sé un montón de cosas)
descompongo el miedo en problemillas
y trazo dibujos en el aire con palabras de plata.
Joder
yo que sé.
Sé que ahora me apetece apretar la tecla m
y la g y la e y la v
(no se trata de unir letras sino apretar teclas)
y puede que sea tan absurdo como vivir
y puede que sea tan absurdo como escribir ahora mismo este poema.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

VAYA TIMO

Que estos programas son un timo, casi todo el mundo lo sabe. Tienen sus truquitos. En este caso, el concursante acierta el nombre de la sopa de letras. Y luego... También acierta ¡4 letras del abecedario! y pasa esto...