lunes, 15 de marzo de 2010

HITLER EN MI BOCA.

Vengo de una de las mejores bodas que recuerdo. Había estado toda la semana jodido con un dolor de muelas de 3 pares de cojones pero milagrosamente las microscópicas bacterias, esas hijas de la gran puta de la naturaleza, habían decidido darme una tregua para que viera a mi amigo casarse. Pude comerme la pitanza, romper cuatro cajas de vasos de cubata, quitar el micro al cantante para cantar yo mismo Franco Battiato, cantar choví chová unas 3.000.000 de veces seguidas en el bus de vuelta, etc, etc.. Pero al día siguiente, a parte de una resaca extraña, evolutiva y creciente, la cara empezó a dolerme un poquillo por la zona de la muela. Como si nada, una sorda, débil y constante tirantez. Hice el camino de vuelta de Calpe con un enjambre de moscas conspiradoras detrás de la oreja.
Eso fue antes de ayer.
Y hoy es hoy, como diría Michel.
Son fallas, anoche fue la plantá, la calle está llena de gente, petardos, cerveza, marihuana, churros, fuegos de artificio, mujeres de artificio, artificieros, artefactos místicos, etc, etc y yo aquí, escribiendo públicamente acerca de un dolor de muelas al que he querido llamar Hitler y una boda preciosa. Manda huevos.
Tengo cita con el dentista a las cinco. Espero que tenga dinamita y acabe con todo de una puta vez ya, hostiaputajodermecagoentomecago.

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