sábado, 6 de marzo de 2010

A LA HORA PRECISA.

Quiero agradecer a Alvarito su ayuda con este relato. Él me deja estar en su casa cuando quiero. Soy el colega pesado de la sitcom. Aparezco por la mañana, por la noche, da igual. Su casa siempre está ahí y casi siempre el olor de la hierba recién cortada impregna el ambiente. También quiero agradecer al Friki que estuviera en la gestación del mismo, liando y encendiendo, ejem, mis pensamientos. He aquí el resultado. Aviso: Muchos petas por en medio.

Por cierto, si alguien se lo lee entero, ole sus huevos. Bueno, eso, dedicado al Funes y al Friki.


A LA HORA PRECISA.



A todos los suicidas se les concede un último deseo antes de morir. Tienen una centésima de segundo para decidir y la mayoría se decanta por el “no quiero morir”.
Los demás deseos no tienen tiempo de formularse y los avariciosos tipo “quiero ser millonario y vivir de las rentas”, o egoistas “quiero que ella me ame para siempre” pronto se pierden en los meandros del silencio y la nada.
Por eso, el cosmos entero debió coger aire sorprendido ante la elección del imprudente Salva: “Quiero ser inmortal”, había deseado. Nada más lo hizo se levantó del suelo, desorientado y vio a un doble suyo. Aunque quizá sería más apropiado decir que era otro él. Parecía triste.

-Después de tantas eras esperando.-Dijo con una voz que parecía recoger toda la tristeza y toda la soledad del tiempo.-y no he llegado a la hora precisa.

Salva, que era muy lógico, pensó que había tenido una alucinación.
Después de este extraordinario episodio, su vida cambió de manera radical .Poco a poco la gente se moría a su alrededor, pero eso a Salva no le importaba. El pasaba desapercibido como una nube cualquiera del cielo. Nadie se fijaba en él y cuando lo hacía , Salva se iba con un pesar que desaparecía al cabo del tiempo. Y tiempo tenía de sobra.
Al principio se fijaba en como cambiaban las generaciones y luego el tiempo empezó a estirarse y Salva se fijó en los cambios más a gran escala, como los cambios de civilizaciones y la alternancia de glaciaciones y periodos cálidos. Vio crecer la selva donde antes sólo habitaban escorpiones y desiertos. Pronto fue el ser vivo más anciano de la tierra y una extraña melancolía se apoderó de él durante siglos. Un buen día decidió terminar con todo. Subió a lo alto de un volcán y se tiró al rugido de lava que lo llamaba con su canto hipnótico e incandescente, pero su cuerpo no se deshizo en el plasma y se vio nadando en ese mar imposible. Fue entonces cuando sintió el miedo reptando por su espalda, furtivo, como una serpiente viscosa y áspera.
Empezó a caminar por el mundo sin dirección. No comía, no dormía, no respiraba. Sólo ponía un pie delante de otro. Atravesaba guerras, cordilleras, vírgenes, y siempre estaba en marcha. El ser humano murió reemplazado por otras criaturas y Salva tuvo que esconderse. Duraron mucho más que los humanos e inclusos los superaron en crueldad pero sabía que la nueva especie reinaría solo por un tiempo y fue prudente y esperó, y esperó, y esperó.
El Sol murió y la vida de la tierra con él. Se secaron los océanos y el planeta fue una roca árida y negra en la que ningún ser vivo, excepto Salva, ponía en ella su pensamiento. Al cabo de millones de años un meteoro gigantesco chocó con la gran roca muerta. Fue tan violento el choque que la pulverizó en una explosión de billones de megatones de potencia. Toda la galaxia se estremeció. Pero Salva estaba recompuesto en cuestión de segundos, si es que alguna vez había sufrido el más mínimo rasguño. Flotó a la deriva por el universo y conoció criaturas horrendas impensables y seres que habrían hecho destilar lágrimas de belleza a los ángeles. Siempre se les acaba el tiempo y Salva los veía desaparecer como granos de polen llevados por el viento del universo. Vagó y observó y quizá se volvió loco, o quizá la mente dejó de ser un vehículo y se dejó llevar por el vacío, descansado en las eras, mecido en las estrellas.
Fuera ya de las orillas del tiempo Salva notó que el universo se contraía inexorablemente, como cualquier anciano, y previó el ciclo de las cosas y estuvo más allá del principio. Puede que entendiera, pues su mente, a estas alturas, era tan poderosa como el universo, o puede que no, pues su mente no existía. Salva vio al universo nacer de si mismo y vio otros universos cerca del suyo, independientes, sin nada descriptible en medio. Deseó ir a explorar otro universo, pero primero tenía que completar otro ciclo en el suyo. Quería advertir a los humanos, quería explicarles, enseñarles, quería darles a entender todo lo que él sabía. Así que espero una día más y un conglomerado de cuerpos celestes formó la tierra tal como estaba previsto. Al cabo de unas horas la vida campaba a sus anchas y, en un suspiro, Salva vio nacer al hombre. Pronto fue a Valencia a conocer a su otro Salva para advertirle, para decirle todo lo que había hecho mal, en todo lo que se había equivocado en la vida. Podía forjar su personalidad de otro modo, ser un triunfador orgulloso, un santo, un inventor confiado, podía decirle todos y cada uno de los secretos de la vida, incluso desvelarle su sentido. Ningún camino le llevaría ahora a la desesperación del vacío y el aire atravesado. Haría de su otro Yo un prohombre, alguien que guiara a la humanidad en medio de la oscuridad y el desconcierto, un mesias, un Dios, pero este, verdadero.
Iba caminando sumido en sus pensamientos cuando una sombra se apoderó de su perspectiva. Tuvo el tiempo justo para verse caer y estamparse contra el suelo. Deseó que estuviera muerto, pero en lugar de eso, lo vio levantarse desorientado y se le quedó mirando, como preso de un hechizo o una alucinación. De pronto, algo nació del recoveco más profundo y olvidado de su cerebro haciendo que su boca pronunciara unas palabras perdidas hace eones y las dirigiera hacia el Salva de ese universo.

-Después de tantas eras esperando.-Dijo con una voz que parecía recoger toda la tristeza y toda la soledad del tiempo.- Y no he llegado a la hora precisa.

14 comentarios:

Funes dijo...

A ver si te vas a tomar por el culo a la hora precisa parásito social

scricho dijo...

A ver si hincas el lomo en vez de dedicarte al onanismo exacerbado y filosofar sobre el excremento de los caballos, que pasa que ahora vas de moderno y sensible que es lo que se lleva.

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

por dios. Currároslo más joder.

Algo de inventiva, podéis hacerlo mejor.

anapedraza dijo...

Yo me lo he leído completo.

A mi me ha entretenido, y te animo a hacer más post así.

MIGUEL

Insanus dijo...

Muy bien, ¿eh?, muy bien, una de esas paradojas blindadas que tanto me gustan.

Javi, hay un cuento de King que él incluyó casi con pudor en una antología (porque la crítica le dio duro ) sobre un niño eterno por un fallo en un viaje espacial y me ha recordado mucho a este tuyo. Ese cuento se llama "La expedición", creo, no estoy seguro. 1 sec que te lo miro.

Ea, "La expedición", sí.

Sigue escribiendo, hombre. Y ni caso a los de la imagen reflejada. Los trolls sólo son eso, gente mirándose en un espejo.

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

me mola que hayan, de hecho.

Un saludo Insanus!

Insanus_Madre dijo...

No digas eso por que a mi me gusta maquillarme de vez en cuando

Insanus dijo...

No sé si este es de tu huerto o del mío (tengo uno o dos rondando por allí), pero los suplantadores son aún más tristes.

OMEGA dijo...

Yo pediría bailar eternamente en las nalgas de la madre de insanus... he oido que se esta muy bien notando los cojones rebontando en esas nalgas...

JoHn CoBrA dijo...

ese relato me lo has plagiado

Funes dijo...

Y que conste que yo no soy ningún parásito social, aunque no os voy a decir a qué me dedico porque es aún más vergonzoso que no hacer nada.

scricho dijo...

Sólo dejar constancia de que ni soy filósofo de la mierda ni voy de moderno y sensible; yo sólo soy tonto del culo.

OMEGA dijo...

Mis insultos son tan elaborados y ocurrentes que hago llorar a quien insulto con mi inteligencia. ¡Que grande soy!

JoHn CoBrA dijo...

Pero como puedo ser tan tonto...