martes, 13 de abril de 2010

GRACIAS

Son las 0:36 de la noche. He salido de Chefchaouen a las 11 de la mañana. He dormido 10 horas de las últimas 72. Estoy reventado, pero no puedo acostarme sin agradecer a mis amigos que crearan para mí la Perfecta Dimensión. (Aunque el monstruo de la última pantalla fue duro de pelar).

Gracias a mi primo Vicente "pues le das con el centollo" Sendra, por sus réplicas brillantes, generosidad total y recursos ilimitados.

Gracias a Kike "esta noche si se rasca la barbilla" Sebastiá por su esfuerzo por quedarse hasta las tantas a pesar de su cansancio.

Gracias al Buhete "¿en serio? ¿dos Almax?" Fernández por estar, una vez más, donde más lo necesitaba.

Gracias al Soro "yo ya estaba all-in" por su encuentro con centollos en la selva, por los gritos aterradores de los monos, sus convulsiones desencajadas (las del Soro, no la de los monos), sus entradas estelares en estancias y sus carcajadas encantadoramente absurdas.


Gracias a Rafel "esto es la polla", por superar su miedo a la cárcel marroquí y acompañarnos. Nunca te había visto tan contento tanto tiempo seguido. Parecías un niño en Disneylandia.

Gracias a Olafito "---------" González, por hacer horas extras para poder venir desde Inglaterra, por sufrir un ataque de autismo del fumeta que le duró 3 días y por ponernos en manos del asombro al decir "tierra" porque sí, sin venir a cuento, durante una cena.

Gracias a Martín, "tengo una propuesta", por su perfil de califa, su sonrisa de paz, y su mera presencia en esta época de escasez. Perdona lo de la pipa.

Gracias a Paco "mi comida preferida es la madre de Llopo comiéndome los huevos" Tébar, por su empeño en dar de beber a "Juanra" y fumarse su material.

Gracias a Darío "tengo algo en el pelo" Sanchez, por venir desde inglaterra, inventarse lo de nos vamos a marruecos y por llevar con toda la dignidad posible (que no es mucha, la verdad) lo del pelo húmedo.

Gracias a Paco "trata de arrancarlo" Llopis por su regalo de boda, su ingenio explosivo durante el ataque al monstruo de la última pantalla y sus ganas de estar conmigo en Chaouen (un poco ciego, eso si).

Y por ultimo, y precisamente por ello menos importante, gracias a Juanra (su nombre marroquí era demasiado complicado) hijo del REGENTE del hostal. Gracias por desafiar a Alá al cogerte la borrachera mas increíble del ultimo milenio en Chaouen. Vaya tela, eres el puto amo. Siento lo de la bronca de tu padre, pero es que no tenías que haberle hablado al escocés pelirrojo. Tampoco tenías por qué pegarte cabezazos en la mesa. No bebas nunca más. Ah, otra cosa, no es buena idea llamar "Paaaco Llopis" al hostal a partir de ahora.


Mañana intentaré contar más o menos lo que pasó. Lo dicho, gracias a todos. Y también a los que quisieron estar y no pudieron.

TODO HA SALIDO PERFECTO.

viernes, 9 de abril de 2010

3...2...1... IGNICIÓN.

Ya está. Lo que nunca llegaba ha llegado. Hoy es el día. Son las 5:52 de la mañana, tenía el despertador a las 6, pero ya hace tiempo que me he levantado.

Que los vientos nos sean propicios.

NOS VAMOS A MARRUECOS!!!!


Levantaos gandules!!!

lunes, 5 de abril de 2010

MARRUECO'S DREAM

Estoy sentado en la terraza de una casa a 3 km de Chaouen. Estoy en esa hora fría y serena que no pertenece a la noche ni al día. A lo lejos, el cielo empieza a clarear y la luz se derrama por las montañas como una leche etérea, dándole contornos a las cosas. El silencio es tan basto que puedo oír cada movimiento de mi cuerpo, el roce que hacen mis dedos contra el tabaco, el sonido rasgado del papel al romperse. Todo adquiere la forma de un ritual mil millones de veces repetido, pero esta vez estoy en el tejado de una casa de labranza, en mitad de un campo de marihuana recién plantado. La vida estalla a mi alrededor. El ritual, una pizca de eternidad disfrazada de repetición, me reconforta. Quemo el hachís y, por primera vez en mucho tiempo, lo veo y lo oigo hervir. Huele a magia, a antepasados árabes, a medicina oriental. Empiezo a temblar levemente mientras lío el cigarro y pienso en las personas que no están y que deberían estar ahí pero que por culpa del destino o el ego (acaso sean la misma cosa) no han venido. El sol no termina de levantarse por encima de las montañas, perezoso y tímido como una niña indolente, así que yo espero con el porro ya liado a que el sol se decida a acariciarme. Entonces sucede: el calor todavía húmedo del sol atravesando el rocío me abraza y me da cobijo, me enseña en todo su esplendor la danza de la vida. Yo me llevo el porro a los labios para sacrificarlo en un acto poético maravilloso: quemar para sentir. Hincho los pulmones de aire fresco y humo azulado y lo retengo, lo retengo, lo retengo. Bien mirado no los tengo hinchados, sino henchidos. Abajo, suenan las risas de mis amigos: ya se han despertado. Echo un último vistazo a mi alrededor, utilizo conscientemente todos mis sentidos: miro las montañas y los campos, miro el cielo. Huelo el aroma del porro y de la primavera que acaba de estallar. Toco la pequeña pared inacabada del tejado, mi pierna, mi cara. Saboreo una última calada. Oigo algunos ruidos familiares y algunos indescifrables. Bajo al encuentro de mis amigos.

Empieza el día en Chaouen.