jueves, 27 de mayo de 2010

LOST


Pululando por la red he encontrado un montón de críticas y comentarios sobre Lost y su controvertido final. He aquí el mejor de todos ellos.

UNA CARTA DE AMOR.

¿Qué te creías? ¿Que después de tantos años no te iba a dedicar ni una mísera letra precisamente ahora que todo ha acabado? Otra cartita de amor pensarás… pues mira, te jodes. No haber ido por ahí calentando corazones a diestro y siniestro.

Te juro que han pasado tantas cosas que no sé por dónde empezar. Como buena carta de enamorado, será mejor que comencemos por los últimos años. Porque el principio fue lo bueno y prefiero acabar este texto con una sonrisa en los labios.

Qué pena que no supimos darle un final digno a tiempo, ¿no? Quién nos iba a decir que acabaríamos así. Nos sobraron días juntos y sobre todo muchas promesas incumplidas. Ahora dirás que no, claro… Que todo fue culpa mía, que nunca me juraste respuestas, que lo nuestro iba de otra cosa, pero sabías que precisamente ESO era lo que más me gustaba de ti. Lo que me tenía absolutamente enganchado. El pensar que algún día conseguiría desvelar todo lo que se te pasaba por esa cabeza de desquiciada entrañable.

Como Sherezade en “Las mil y una noches”, cada vez me lanzabas una nueva historia. Que si el negrito con poderes. Que si el vidente que envía a la embarazada a la otra punta del planeta. Que si el barco en mitad de la isla. Que si el ruso tuerto y el egipcio canario que no mueren nunca. Que si la estatua misteriosa de cuatro dedos… Yo quería disfrutar más y tú querías subsistir el mayor tiempo posible porque sabías que yo, primero enamorado y luego adicto, no tendría fuerza de voluntad para cortar esta historia. ¡Y mira que muchos de mis amigos me decían que te dejara! Que esto no iba a nada. Que me ibas a dar un palo gordo. Pues mira…

Vale que echando la vista atrás y observando cómo se desarrollaban los acontecimientos todo indicaba que la cosa iba a acabar mal, claro. Yo te preguntaba “¿qué pasa?”, tú movías un arbusto y sacabas al perro Vincent. Yo me reía, claro. Como buen enamorado pensaba “¡Que tontita eres!”. Te volvía a preguntar y tú me contestabas “¿Quieres saber la verdad? La clave está en… ¡los números!”. Pasaba el tiempo y te decía “No, en serio… ¿qué pasa?” y tú me contestabas que todo era por dos que se peleaban. Ben y Widmore… toda una vida buscándose las cosquillas porque… Ah, que no. La clave no estaba en esos. Que estaba en uno que era como un fantasma que vivía en una chabola y luego resultó que de fantasma nada, que era un rubio vestido de ibicenco y con ramalazo de mesías new wave.

Ya me tenías hasta las narices, claro. Pero te volví a insistir y resultó que eso tampoco… que era cosa del de blanco y otro de luto. Y yo, como soy un tío listo, me di cuenta de que si uno iba de blanco y el otro de negro… ¡El bien y el mal! Dos bandos en eterna lucha… otra vez… como Ben y Widmore… ¿Qué? ¿De qué coño vas, tía?

Hace unas semanas, al fin lo paras todo y me dices “que sí, ahora te cuento LA VERDAD del de blanco y el de negro”. ¡BIEN! Cuando ya no podía más, vas y me das la explicación más decepcionante de la historia… si a eso se le puede llamar “explicación”, claro.

El caso es que llegados a este punto y con la desgana, la decepción y la desidia como bandera yo ya no esperaba nada de ti. Si no tuviste un puñetero detalle en todos estos años, no confiaba en que me dieras una explicación coherente en nuestra última cita. Y así fue, pero al menos te lo curraste.

Y aquí empieza la parte bonita de la carta…

Lo que me hiciste anoche fue algo digno de los mejores tiempos de Sawyer. Me sedujiste, me echaste un polvo y me robaste. Pero QUÉ POLVO, cabrona.

No tendré en cuenta todo lo que me has engañado y que ahora vayas de mística y profunda cuando nunca lo has sido, porque ¿sabes qué? En el fondo, te quiero. Te quiero porque contigo he pasado horas y horas de placer. Porque tú, como ninguna otra, me has hecho sentir mariposas en el estómago mientras esperaba que bajaras. Porque has tenido la picardía de dejarme con el único sabor de boca que me obligaría a perdonarte: el sabor de mis lágrimas. Las mismas que han conseguido empañarme la mirada durante dos horas.

Me has estafado, sí, pero al mismo tiempo me has recordado cuando nos conocimos, nuestro primer beso, nuestras primeras vacaciones, nuestra primera separación y nuestro primer reencuentro, nuestras peleas y nuestras reconciliaciones…

Cielo, eres una puta de la peor clase. Una puta mentirosa. De las que te chantajean emocionalmente para salirse con la suya, pero al menos eres lista, eres guapa y, sobre todo, eres la mejor.

Te perdono porque te quiero, pero necesito no volver a verte nunca más.

Espero que lo entiendas como yo, a pesar de todo, te he entendido a ti.

Hasta siempre.

Por Chico Santamano.


Fusilado, con permiso, de: http://bloguionistas.wordpress.com/

6 comentarios:

phileas verne dijo...

en mi vida he visto esa serie, supongo que la popularidad que tiene, me quita el interes

fiona dijo...

jajajaja, me encanta, justo ayer estaba pensando subir un video sobre el final de lost mientras decido si me ha gustado o no...

anapedraza dijo...

No he visto ningún capítulo de Lost.

¡Feliz fin de semana!

Miguel

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

pues phileas, a eso (te lo digo con todo el respeto del mundo) se le llama prejuicio.

Lost tiene cosas magistrales y cosas de subproducto americano...


Deberías darle una oportunidad.

phileas verne dijo...

Soy algo prejuicioso cuando se trata de mi

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

jajajajjajajaj, ok.


Me parece de puta madre...