martes, 27 de julio de 2010

¿Y AHORA QUE?

¿Volver a la rutina? No.

¿Dejarse vencer por el calor y los pasos de cebra? No.

¿Odiar a los famosos frikis de la tele que no merecen ni esta línea? No.

¿Buscar el placer inmediato por el camino más corto? No.

¿Leer basura? No.

¿Seguir aprendiendo Kite? Sí.

¿Ir a ver al Sol? Sí.

¿Seguir viviendo fuera del sistema? Sí.

¿Escribir? Sí.

¿Planificar El Gran Viaje Definitivo? Definitivamente Sí.

domingo, 25 de julio de 2010

DESTARIFADOS


El día que Christopher Pin McElroy me dijo que si me iba a hacer un curso de Kitesurf con él a Tarifa dije que no. ¿Kitesurf? ¿Que cojones hago yo atado a una cometa de 9 metros con una tabla en los pies? Darme de ostias contra el mediterráneo. Pero luego pensé, a ver, es Tarifa, y no voy a estar los cinco días que dura el curso navegando. Habrán otras cosas, digo yo. Y las ha habido. Vaya que si las ha habido. Porque, hombre de voluntad voluble, fácil de convencer por naturaleza cuando se trata de ir de viaje a donde sea, dije que sí.
Me han pasado unas cuantas cosas ya, que raro. La principal y más graciosa, aunque mientras pasaba gracia, lo que se dice gracia, tuvo más bien poca. El curso de kite consiste en controlar la cometa. Los primeros dias en tierra. El primer dia la cometa entró en una zona de potencia máxima y me fui volando unos 3 metros. La reaccion instintiva es coger fuerte la barra, pero esto es lo que da potencia a la cosa. Es como apretar el acelerador a fondo si hay una pared enfrente de tu coche. Cuando la solté ya estaba volando. Consecuencia: revolcón y primer aviso del tipo, chaval, ándate con ojo.
El segundo día fue muy ténico porque no hizo mucho viento y hacer volar la cometa era difícil, pero estuvo bien, porque nos permitió experimentar esa peculiar y rara condición atmosferica Tarifeña, es decir, la calma chicha.
Por la noche la cosa se lió y acabamos Christóbal Gerardo (como se profundiza en las relaciones viajando, así se llama el condenado, según su DNI) y yo bañándones en gallumbos en la piscina de una disco.
El tercer día, amanecí preso de una agerrida, monstruosa y dolorosamente familiar resaca de tres mil pares de cojones. Me levanté (es un decir) y pude ver flotando delante de mí las terribles palabras que Dante escribiera en las puertas de su infierno: "Perder toda esperanza". En efecto, no podía ni moverme. Era una de esas resacas de nivel 5 en la escala de tornados, 9,9 en la de terremotos y 1.000.000 en la escala Rodrigo Ibarra para las resacas. Encima nos llama Lola (Rubia, aparato dental, tarifeña-germana, un poco tonta, falsa simpatía de RR.PP) y nos dice que a las 14:00 es la movida. Vegeto hasta la hora convenida y, hago de tripas corazón, de piernas confeti y de voluntad movimiento y me transporto hasta el coche en medio de una niebla de autocompasión y martilleo genuinamente asqueroso.
Milagro, una vez en el agua, el dolor desaparece, o se atenúa hasta casi ser imperceptible. Pero es que claro, cuando estás en alta mar porque el viento te ha metido hacia dentro hasta ver los pelos de la napia a un Marroquí en la costa del país vecino, la resaca te parece el menor de tus problemas. Y encima el instructor me había dicho media hora antes que hay tiburones. Y por la noche había visto una empresa de expediciones para avistar Orcas. Orcas. Ballenas asesinas. Y mi cometa hecha un puto lío de cables. Y el mar embravecido. Su puta madre. Me cago en Pin y en su invitación y en el Kite Surf y en Magallanes.
Total, que después de un rato pensando en Steven Spielberg vino una lancha motora a rescatarme con dos surfers con socarrona sonrisa en la geta. Alivio total.
No fue la última vez que vinieron a rescatarme...

Hoy empezamos con la tabla... madre mía.

miércoles, 21 de julio de 2010

AGUA EMBOTELLADA

Iba a dedicarme a escribir una entrada sobre lo mal que me parece que la gente beba agua embotellada, pero documentándome he encontrado este vídeo que resume muy bien todo lo que yo quería decir.


jueves, 15 de julio de 2010

ESCRIBO

Escribo.

Escribo y los dedos empiezan a temblar levemente, como el agua del estanque que predice los pasos del animal rugiente.

Escribo.

Noto las heridas en mi espalda. Surgen de repente, como manantiales cristalinos de donde brota el dolor. Pienso: la luna es el sol de los muertos. Pienso: nadie pone flores a las flores en los cementerios.

Pienso y escribo.

Escribir es como robar. Le robo ideas a los atardeceres. Le robo sentimientos a la canción que suena. Le robo fibras a mi corazón para coser mis lágrimas del revés y que nadie las vea.

Escribo.

Escribir es reducir mi universo a unas cuantas letras y un manojo de nervios que luchan por ponerse a salvo del mundo.

Puedo escribir en cualquier sitio si algo me parece digno de ser escrito.

Por ejemplo: el otro día el metro llegó con un grito de gigante traicionado. Pero no era un gigante, sino una serpiente blanca y reluciente. Llevaba personas dentro con tierra en la mirada. Una, concretamente, parecía a punto de romperse. Sus ojos estaban hechos de una especie de cristal defectuoso. Me miró y quise ayudarle. En vez de eso me puse a escribir.

Como ahora.

Ahora escribo sin ninguna razón en concreto. Esperando a que alguien me llame. Hace demasiado calor para hacer nada. Julio se derrite en las aceras de esta ciudad escaparate llamada Valencia. Hace demasiado calor para pensar demasiado.

Escribo.

Ahora escribo.

Hace demasiado calor para hacer algo que sea útil.

CORTO

Me he dado de bruces con esto en la red. Bendita seas.






martes, 13 de julio de 2010

LA BANDERA, EL FUBOL Y EL GILIPOLLAS INTELECTUAL DE MI BUS


Que se jodan los agoreros del fútbol, que no daban un duro por España cuando perdió ante suiza.

Que se jodan los intelectuales anti fútbol, os perdéis la belleza de un enfrentamiento continental, donde se viven en 90 minutos tantas emociones y tan intensas, como las que sentís vosotros en los cuatro años de espera entre mundial y mundial.

Que se joda Maradona, por calentar el ambiente, por hacer declaraciones subnormales, por "Bocas", en definitiva. Vaya repasito os dieron los subanempujenestrujenbajen.

Que se jodan los nacionalistas catalanes. Habéis tenido que vomitar hasta el hígado viendo a vuestros jugadores representar a España. Ah, y a tanta peña en Barna con la bandera del país al que todavía pertenecéis. ¿No le faltaban barras a esa bandera roja y amarilla?

Que se jodan los nacionalistas españoles. Cuanto catalán en el equipo, ¿eh? Casi deberían haberlos recibido en las ramblas. Menudo beso de Pujol a la bandera de Cataluña. JA.

Que se jodan los políticos en general y los directores de periódicos que se empeñan en hacer una lectura política de esto. Que si españa unida es más fuerte, que si la selección catalana se basta y se sobra...

ENTÉRENSE DE UNA PUTA VEZ: ESTO ES UN DEPORTE. La gente no pensaba en política cuando salió a la calle a hondear la bandera de España. Pensaba en el equipo milagroso que tenemos. En los goles de Villa, en la alegría de Iniesta al marcar, en el salto a lo Mark Lenders de Puyol. Pensaba en que SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO!!

Que se jodan los que utilizan la bandera para otras cosas que no sea competir en deportes. Me encanta la banalización de un símbolo que para algunos es tan importante. Evaristo, el de La Polla, fue muy inocente al decir aquello de "las banderas son trapos de colores". Ya le hubiera gustado a él, ya. Y a mí. Pero no es así. Sólo en el fútbol, las banderas son eso, representaciones de un equipo: ESPAÑA

Que se jodan los Holandeses barriobajeros de tres al cuarto, con sus patadas, su violencia y su mierda de fútbol. Yo no entiendo mucho, pero hasta yo sé que sin el calvorotas ese que corre tanto no hubieran llegado a nada. Cómo dijo mi abuelo una vez: iros todos a tomar pol culo, perdedores. (Lo de perdedores no lo dijo, pero ya se sabe que las historias que se cuentan de padres a hijos se van enriqueciendo)

miércoles, 7 de julio de 2010

ANVIL


Anvil es un documental sobre un grupo de Rock que tuvo su momento de gloria al tocar en el Monsters Of Rock en Japón junto con Scorpions, Whitesnake, Bon Jovi y toda la peña del momento. Era la época de las camisetas de rejilla, las melenas cardadas y el Metal mas casposo del mundo. Todos los grupos que subieron a ese escenario vendieron millones de discos... Todos menos uno. Anvil.

Lo primero que llama la atención de este documental es la sinceridad que desprende. Habla de unos tipos que tuvieron el éxito al alcance de la mano pero que 30 años después tienen trabajos de mierda. Ellos siguen intentándolo, grabando discos, mandando maquetas y yendo de gira a sitios donde sólo acuden 5 personas o 150 (en un aforo para 10.000).

Los dos protagonistas, amigos, hermanos casi, 30 años después de empezar tienen una relación que casi hace saltar la lagrimilla a los espectadores. La película tiene momentos hilarantes y momentos tristes, pero desprende un aire de autenticidad acojonante. Es imposible no sentir simpatía por los protas, heavys de 51 años que parecen salidos de una máquina del tiempo, pero que, joder, perseveran. Esta película es un himno a la perseverancia.

Ya lo dice Slash en un momento del film. "Al fin y al cabo, sólo hay 3 grupos que hayan tocado juntos 30 años, los Rolling, los Who y Anvil"