lunes, 15 de noviembre de 2010

Acantilados

Puede que la luna desaparezca en la oscura noche definitiva
que se disuelva en las colinas del éter
y ya no duerman los pájaros sobre su encanto oscuro.

Puede que se conviertan los peces en piedras de colores
los campos de yerba en alfombrados cristales
las aristas del viento en flechas encendidas

puede que todo se desmorone como un gigante drogado
o un niño sin estrellas
o un dios sin nadie que le crea.

Pero yo no soy luna, ni dios, ni flecha,
y nunca más seré un niño sin estrellas
tu iluminas tus acantilados como un faro travieso
me guías hacia tus costas de plata
y quiero encallar en ellas hasta que la luna aparezca de nuevo sonriente.