lunes, 27 de diciembre de 2010

EL CHALET





Estaba cansado de la ciudad y sus sirenas desesperadas, del frío atroz de los mendigos y sus dueños, de la comida sobrante de los supermercados, de los tubos de escape, de los maniquís descabezados, de las miradas perdidas.
Por eso cuando ví en internet que había un chalet a media hora en coche de Valencia por 400 euros, me pareció perfecto. El anuncio prometía. Cuatro habitaciones, 1800 metros de parcela, chimenea... Así que fui a verlo. Cuando llegué me quedé boquiabierto. Era mucho mejor que en el anuncio. La casa estaba emplazada en lo alto de una colina llena de pinos y plantas aromáticas. Desde el porche se dominaba un paisaje poblado de naranjos, montañas y casas solitarias desperdigadas.
Volviendo en coche a Valencia lo decidi: llamé al de la inmobiliaria y le dije que me lo quedaba. 
La parcela tiene olivos, granados, limoneros, un asador, diversos corrales, gallinero, una pequeña balsa de riego (futura piscina cutre salchichera, pero piscina, que carajo) y un trabajo por delante que da miedo. La chimenea es antigua, de forja y no es suficiente para calentar el salón, pero con el añadido de la estufa de butano, se está perfecto.  Llevo ya desde primeros de diciembre y estoy feliz y tranquilo. Por la noche se ven las estrellas (que parece una tontería pero desde Valencia, la ciudad más absurdamente iluminada de España no se ve ni una), y cuando hay luna llena una luz debil y lechosa, pero suficiente, ilumina todo el valle con un halo misterioso y fantasmal. El otro día tenía la sensación de haber entrado en un mundo lento y tétrico, extrañamente bello, perteneciente a un relato de Poe.  Desde el cabezal de mi cama veo el cielo, con sus astros recordándome cierto idioma esencial y olvidado, silencioso. De vez en cuando un perro ladra a lo lejos y poco a poco otros se van uniendo en un coro animal que pone un poco nervioso a mi perro que ladra bajo, como temiendo molestarme. Hasta ahora, todas las mañanas he despertado muy pronto, tanto, que muchas veces he visto amanecer y he comprobado que el sol sale justo enfrente de mi casa, de forma que si abro la puerta del salón está perfectamente enmarcado en ella. Siempre, invariablemente durante esas horas primerizas, se instala una neblina en el valle que poco a poco, conforme avanza la mañana, los árboles  van deshaciendo en girones hasta que desaparece por completo.
En cuanto al interior de la casa, es espacioso, sin pasillos, con un gran salón distribuidor en cuyos lados nacen las habitaciones y la cocina. He puesto muchas velas por todos los lados y me gusta poner una pequeña luz para acompañarlas mientras escribo, leo, toco la guitarra o veo alguno de los dos canales de TV que se ven aquí... (continuará)

6 comentarios:

fiona dijo...

Pues me alegro mucho!!! Yo lo que pasa que soy más urbanita y eso de vivir medio aislada me da como yuyu...

Un besazo y Felices Fiestas!!

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

felices fiestas !!! un abrazo salá!"

Un Rayo de Sol... dijo...

que has puesto muchas velas? y que has puesto una luz? jajajjaa. lo has puesto tu? de verdad que lo has puesto tu! juuummmmmm.

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

JO

Un Rayo de Sol... dijo...

jo?

Lunien dijo...

¡HOSTIA, JAVUCO, MENUDO PALACIO, NO!? ¿Vas a plantar cosas? ¿Criar bichos? ¡NANOOOOOOOOOOO! ¿Estoy invitado? ¿Cómo se va a llamar? ¿CALPULGAS? ¡TO GUAPO, NANO! ¡Pon más fotos! ¡Cuenta, cuentaaaaaaaaaaa!