domingo, 16 de enero de 2011

SIGUE MOVIÉNDOSE


Esta noche he dormido bastante mal. No paraba de oír ruidos extraños. Como si se abrieran y cerraran puertas. Me he levantado en varias ocasiones, animado por la presencia de Baco, para comprobar que todo estaba en orden. Efectivamente, nada estaba fuera de su sitio. La puerta de atrás cerrada, la delantera cerrada también. Sin embargo, Baco tenía erizado el pelo y gruñía con la parte baja de su garganta, con la profundidad cavernosa del perro que siente que han invadido su territorio. Todas las veces que me he levantado un frío inusual me ha obligado a meterme en la cama, tiritando. He notado que el interior, normalmente caliente, seguía estando helado. Los minutos que he podido dormir mi sueño ha sido desapacible y poblado de extrañas imágenes que prefiero evitar describir.
He despertado (quizá debería decir he dejado de no dormir) a las siete de la mañana. He suspirado aliviado esperando ver la línea roja que enmarca las montañas y que indica que el sol va a asomar sus lenguas de fuego para iluminar al mundo de nuevo como cada día. Pero al abrir los póstigos de mi ventana me he encontrado con esto: el jardín y sus inmediaciones han amanecido sumergidos en un mar de niebla Y digo mar porque bien podríamos estar en mitad del océano sin saberlo. Los árboles aparecen entre la niebla con sus manos huesudas de repente, sin previo aviso.  Es imposible ver a más de 3 metros de distancia. Bueno, no es el sol, me he dicho, pero es una niebla perfecta para dar un paseo y pensar una buena historia gótica de miedo, en plan clásico.
He caminado por el bosque de pinos y matorrales que hay detrás de mi casa, subiendo una colina y cuanto más subía más densa se hacía la niebla. Baco parecía un espíritu del bosque, un tótem sagrado, saltando hacia la profundidad de la blancura suspendida, apareciendo y desapareciendo a su antojo, como si hubiera encontrado la forma de entrar en otra dimensión.  De repente, un animal que bien habría podido ser un conejo, o un zorro,  se ha cruzado a escasos dos metros de distancia. Lo sé porque lo he oído correr y he visto como se movían los arbustos a su paso.  Ha sido un susto de cojones. En ese momento he decidido volver a casa y escribir esto, porque no me apetecía para nada perderme en un bosque bajo el peso de la niebla, rodeado de animales quien sabe hasta que punto inofensivos.
Ojalá me hubiera perdido. Ojalá no hubiera vuelto a casa. Al principio he pensado que podía ser el viento. Pero no puede ser. Si hay viento no puede haber niebla. Se disipa. Y la niebla sigue rodeando la casa como un sudario húmedo.  El vídeo dura un minuto pero llevo ya varios observando el farol.
video
Sigue moviéndose.

6 comentarios:

fiona dijo...

Joder javi, cómprate tapones para los oidos y que se caiga el mundo fuera! Qué miedo...

1besico!

Lunien dijo...

Ahí va mi consejo... Ante todo utiliza el sentido común y mantén la compostura como hombre sabio que eres. Luego, después de haber cargado la recortada que ya deberías haberte agenciado, dispara al techo y grita: "Seré pacifista, hijos de puta, pero he visto mis pelis. Aquí os espero, CABRONES"

Javi, también conocido como "el pulgas" dijo...

jajajajjajajaaja
jajajajjajajaj
jajajajjaja

Lo malo es que a los espíritus se la sudan las balas, ¿no?

Quizá una ballesta antivampiros...

Anónimo dijo...

Joder, es verdad... Mmm... ¡Fuego, a los muertos vivientes les hace daño doble! (en el D&D, digo yo que en este mundo será igual, ¿no?)

Anónimo dijo...

el texto anterior de las palabras hermosas es una PASADA javi!

Insanus dijo...

Y sin darte cuenta (o sí, y era un ejercicio de esos de metaficción), estabas escribiendo ese cuento breve que comentabas. Muy bueno, me ha gustado.