jueves, 2 de junio de 2011

HOY ES UNO DE ESOS DÍAS.

Si, lo tengo. Tengo uno de esos días en los que la eterna música suena más presente que nunca. Estoy triste. No me preocupa mucho, la verdad, porque a mi la tristeza me dura lo que un virus de estómago, 24, 48 horas a lo sumo. Me refiero a la tristeza inconcreta que a veces me asalta como si fuera un ladrón y yo un niño con la paga del domingo. Ya voy acumulando puntos de experiencia en la vida, pongamos que soy un pícaro de nivel 3, y aún así sigo sin saber como enfrentarme al ladrón de marras.  Hoy la música está llena de momentos muertos y el vuelo errático de algunos insectos sin nombre. Busco algo que hacer para detener al ladrón. Escribo esto, pero se me escapa. Puedo analizar. Analizarme. Notar, por ejemplo, que no ha cambiado nada desde ayer y ayer estaba contento. ¿Entonces? ¿Por qué hoy algunos miedos han resurgido como horribles flores muertas.?
Es este tipo de tristeza la más jodida. La que viene sin motivo aparente, por eso me gusta llamarla inconcreta (con el permiso de Escohotado) desdicha. Contra la otra, la hija de la gran puta que aparece con motivo de alguna desgracia, se puede luchar porque el enemigo es claro. Se puede perder, pero se puede luchar. La otra, la tristeza que me viene a mi de vez en cuando es peor, porque no viene a cuento. O por lo menos el cuento es tan viejo que ni el propio autor se acuerda de él.  Supongo que tiene que ver con el hecho de vivir y de llegar a ser quienes somos. Creo que muchos de nosotros tenemos una musiquita recordándonos constantemente que lo podemos hacer mucho mejor. De que saboteamos nuestra propia vida sin darnos cuenta... de que sí nos damos cuenta.  Y he aquí uno de los más misteriosos, ilusorios y eficaces mecanismos de la mente humana: el autoengaño.
Hay que luchar por llegar a ser uno mismo, esto es, encontrar algo que te guste hacer, pensar libremente y hacer oídos sordos acerca del que dirán. Y hay que aprender a morir, es decir, saber  que esto que es estás haciendo en este momento es exactamente lo que quieres hacer...

 Apagar la maldita música que no cesa antes de que cerremos los ojos para siempre, eso es lo que hay que hacer.

3 comentarios:

fiona dijo...

A mí también me asalta a veces esa tristeza que no viene a cuento ...sólo hay que cambiar de canción! Espero que ya se te haya pasado ;)

1besico!

Anónimo dijo...

yo soy experta en la tristeza matutina...pero, la felicidad siempre aparece, a veces detras de la voz de un hombre o mujer, o bajo la tierra de un huerto, también puede aparecer en una sonrisa o en un paisaje bonito, en una caricia, en un pedacito de chocolate, o la brisa maria. La tristeza te tapa los ojos, la nariz, la boca y los oidos para que pienses que no hay nada que pueda cambiar tu estado, o lo veas un imposible, pero la felicidad está cerca, sobre todo porque esta barrera que pone tu tristeza, se va con una orden de ti mismo...a tu mente...
que facil la teoria...
no quiero verte triste

Pedro Garcia Millan dijo...

LA ESTAFA AUTOMOTRIZ MAS GRANDE EN EL TERITORIO MEXICANO!

http://pedromillan.blogspot.com/

CUIDADO QUE A VECES LO BARRATO SALE MUY CARRO CUATES MIOS!